lunes, marzo 25, 2013

Los sueños y el olvido.

No siempre recordamos nuestros sueños. Los sueños efímeros, no los anotamos, y se pierden para siempre con sus mensajes olvidados. En los primeros sueños de una terapia están casi siempre las indicaciones de lo que va a ser luego ese encuentro terapéutico, su desarrollo y final. Como si el sueño ya supiera, lo que va a ser ese vínculo al que llamamos encuentro terapéutico.

En los primeros sueños, visiones, sueños despiertos, fantasías de nuestra infancia, están también los grandes sucesos que luego irán desgranando nuestro destino, y que muchas veces se perdieron como nuestros juguetes. Eran tan solo eso, sueños, irrealidades, fantasías que, por lo general, no son consideradas como importantes, y que luego “la escuela” se encarga de transformar en “cosas serias, no fantásticas”. Nuestras fantasías eran vistas, por la mayoría de los maestros, como maneras de “irse”. Nos distraíamos y no prestábamos atención, nos decían. Nunca nos preguntaron a donde nos íbamos. Ni siquiera se preguntaban si íbamos en serio a algún lugar, y menos aun si ese otro lugar no era también una fuente de aprendizaje. Tan solo importaba cumplir con los objetivos, textos y fechas ciertas y cosas que si o si teníamos que saber.

Cambiaron nuestros juguetes por lapiceras y papeles con margen y punto aparte. Ya nuestros sueños y fantasías no ruedan por la noche encantada, tan solo se arrastran buscando la palabra justa que enuncie el concepto verdadero. Mataron nuestras verdades, por verdades compartidas por todos, y por lo tanto más verdaderas que las otras. El poder de la cantidad versus la creatividad y espontaneidad. Cuanto tiempo nos cuesta des-educarnos para volver a ser nosotros mismos, volver a jugar a que todas las noches creamos algo nuevo y los sueños nos las cuenten. Los suelos nos permiten conectarnos con nuestras verdades mas profundas.

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